sábado, 8 de junio de 2013

Las dificultades del cooperativismo




Las cooperativas de ayuda mutua para la construcción de viviendas familiares luchan contra la inevitable mezquindad humana.

Las cooperativas de vivienda son organizaciones que generalmente funcionan bien y cuando no funcionan bien es porque el sistema de ayuda mutua no es lo ideal para un ser humano que no tiene más remedio que ser mezquino por la simple razón de que es dramáticamente débil, vulnerable y muy necesitado de recibir ayuda en vez de darla.

Para compensar esta miseria energética, nos inventamos roles de generosidad, de amor al prójimo y de cooperación que solo funcionan precariamente, con miles de fallas, incumplimientos, robos, estafas, mentiras.

Por lo tanto las cooperativas de vivienda por ayuda mutua funcionan bajo presión moral, reglamentos muy severos y hasta bullying especializado en evitar irresponsabilidades.

Sé que suena muy extraño que asocie el acoso (bullying) a tareas que parecen tan santas, bienintencionadas, solidarias, pero es así: los cooperativistas que cooperan, indignados con los remolones, los vagos, los campeones de la irresponsabilidad, se las ingenian para ejercer presión, muchas veces recurriendo al pragmático principio de que «el fin justifica los medios».

Pero, insisto, los seres humanos no somos aptos para el funcionamiento cooperativo si no es bajo presión económica, moral y hasta física, aunque los enamorados de ese formato organizacional (el cooperativismo) tengan que decir que yo digo lo que digo porque soy un descreído, un negativo, un fascista, un nazi o un abominable capitalista.

Más allá de estas críticas que le hago al cooperativismo, lo cierto es que al final muchas familias de escasos recursos económicos pueden acceder a su vivienda digna.

Excepto para quienes salen beneficiados con los subsidios que los estados tienen que entregarle a esas cooperativas, el resto de la población protesta contra tales privilegios.

Los humanos resolvemos las injusticias provocando otras injusticias.

(Este es el Artículo Nº 1.874)

Lecturas que efectivamente liberan


Nuestras «fábricas» de delincuentes son las mismas cárceles pues son academias del delito y el sistema educativo que expulsa a sus alumnos aburriéndolos.

El 4 de julio de 2012, el diario digital BBC – Mundo (1) publicó una noticia que llamó mi atención.

Según parece los gobernantes de Brasil están especialmente preocupados por la enorme población carcelaria, por el índice de reincidencia de los egresados, y por las condiciones inhumanas de reclusión.

Aprobaron un par de ideas que eventualmente pueden ser útiles para disminuir los defectos clásicos de la privación de libertad como intento de rehabilitación que fracasa sistemáticamente.

Una de esas ideas consiste en ofrecerles a los reclusos pedalear en una bicicleta estacionaria acondicionada para generar energía eléctrica que recarga acumuladores (baterías) destinados a iluminar alguna plaza pública. La retribución por este esfuerzo se efectuará acortando la pena.

La segunda idea me parece más sofisticada y por tanto más expuesta a la suspicacia, la incomprensión, la burla y el fracaso.

Los presos podrán reseñar hasta una obra literaria, o filosófica, o científica, o clásica, cada treinta días, con lo cual verían disminuida su condena en 48 días por año.

De más está decir que esta idea no es adecuada para cualquier recluso. Para algunos sería intelectualmente imposible y para otros, aunque sería intelectualmente posible, resultaría excesivamente cruel.

Quienes están llevando adelante este experimento estiman que menos del 20% podrían acceder a esta posibilidad.

Lo que me interesa resaltar es que los delincuentes son personas con deficiencias mentales que en algunos casos podrían reequilibrarse mediante ejercicios gramaticales, tanto sea para leer como para hacer las reseñas.

Nuestras «fábricas» de delincuentes son las mismas cárceles en cuanto resultan ser academias del delito y el sistema educativo en general que expulsa a sus alumnos aburriéndolos con sistemas pedagógicos aptos para muy pocos estudiantes.


(Este es el Artículo Nº 1.922)


La estrategia del ratoncito que husmea nerviosamente




Múltiples agentes económicos repiten un sistema de prueba y error, procurando encontrar oportunidades, ideas, estrategias, como un ratoncito que husmea nerviosamente.

Yo le llamaría «economía del despilfarro» a esa estrategia que utilizan tantos trabajadores cuando salen a correr por los parques, ramblas, avenidas, pretiles o máquinas que le escabullen el piso con una velocidad programable e inclinación regulable.

La denominación, («economía del despilfarro»), incluye una contradicción porque nuestra mente está diseñada para que los conceptos «economía» y «despilfarro» parezcan opuestos.

De todos modos siento entusiasmo para defender esta denominación porque el gasto inútil de energía humana es un despilfarro, pero como se realiza siguiendo una filosofía recomendada por personalidades prestigiosas, (médicos, dietistas, deportólogos, campeones olímpicos), entonces parece estar alineada con la economía que también es una ciencia cierta, respetable y prestigiosa.

En suma: los agentes económicos no tienen una conducta inteligente sino contradictoria, antieconómica y eventualmente estúpida.

Si confiamos que esta definición es respetable a pesar de parecer irónica o humorística, podríamos pararnos en otro mirador del mercado al que tenemos que concurrir para ganar el dinero que necesitamos para vivir dignamente y alejarnos de la pobreza patológica, (tema central de este blog).

Nuestro omnipresente enemigo el sentido común nos aconseja, en la plenitud de su Alzheimer, que debemos tener una conducta que tienda fundamentalmente al equilibrio y a la optimización de nuestros resultados.

Para empezar, esos mismos pontífices del sentido común, del equilibrio y de la optimización, son los que andan perdiendo energía, (corriendo sin apuro), como haría un conductor que ante la luz roja del semáforo acostumbrara acelerar a fondo el motor.

Para terminar, los múltiples agentes económicos, (empleados, empresarios, vigilantes, vagos, fisco, delincuentes), repiten un sistema de prueba y error, procurando encontrar oportunidades, ideas, estrategias, como un ratoncito que husmea nerviosamente, pero con menos tendencia al equilibrio.

(Este es el Artículo Nº 1.900)

Nos educan para no ir a la cárcel



 
Los centros educativos nos enseñan técnicas para DOMINAR, CONQUISTAR, con-VENCER, pero sublimando una agresividad que nos convertiría en delincuentes.

Quienes practican el arte, oficio o deporte de la pesca son personas que dedican mucho tiempo a comprender la conducta de sus víctimas.

Dicho en estos términos es posible acercarnos al concepto «sublimación» que intenté comentarles en otro artículo (1), en el que sucintamente les decía que nuestras peores intenciones, esas que si las dejáramos actuar nos mantendrían en una cárcel en forma vitalicia, nunca desaparecen pero pueden ser recicladas y convertidas en otras socialmente aceptadas, de forma tal que satisfacemos nuestras peores intenciones aunque de tal forma que la sociedad ni lo nota ni nos castiga.

Quienes pueden sublimar, quedan bien con Dios y con el Diablo, dan trámite a su vocación más antisocial pero disfrazada de tal manera que recibe la ovación de quienes no entendemos qué está haciendo en la intimidad de su psiquis (está sublimando).

Las escuelas, liceos, universidades, tanto del sector público como del sector privado, suelen poner su plantel de profesores al servicio de nuestras técnicas para disfrazar las peores intenciones, esas que nos convertirían en eternos presidiarios.

Así como los pescadores dedican horas de paciente observación, a practicar «ensayo y error» y a robarse información entre ellos (pues los datos más importantes solo se trasmiten de padres a hijos), los institutos de enseñanza que preparan a los jóvenes para ingresar al mercado laboral tratan de enseñarles técnicas sobre cómo dominar un oficio, cómo conquistar un mercado, cómo con-vencer a los clientes o a los empleados (eufemísticamente denominado Administración de los Recursos Humanos).

Como vemos, estas enseñanzas ofrecen técnicas para DOMINAR, CONQUISTAR, VENCER, es decir, enseñan técnicas para sublimar esa agresividad e instinto depredador que de lo contrario nos convertiría en delincuentes permanentemente encarcelados.

 
(Este es el Artículo Nº 1.884)

domingo, 5 de mayo de 2013

Significante Nº 1.382



Denomínase  «robo por interpretación» cuando el malviviente interpreta que un bien desprotegido es en realidad la donación de un filántropo anónimo.