domingo, 7 de abril de 2013

Mascotas y presidiarios


Existen semejanzas entre los hogares con mascotas y las penitenciarías pues encarcelamos mascotas y delincuentes con el objetivo de humanizarlos.

No pensar respetando el sentido común es divertido para algunos e irritante para otros.

Quienes le prestan atención a mis producciones escritas y filmadas, se divierten. «Somos pocos pero buenos», diría algún conformista incorregible.

Algo en mi cabeza puede ser comparable aunque el sentido común no lo considere así.

Son comparables las cárceles con ciudadanos privados de libertad para ser reeducados con los hogares donde hay una o más mascotas.

Por lo tanto estoy comparando a los presidiarios con las mascotas, y a las cárceles con los hogares compuestos por seres humanos y no humanos.

En ambos lugares, los amos y los carceleros cuidan de que los capturados no se escapen, pero para mantener la ficción de que se diferencian, se dice que las mascotas se pierden o extravían mientras que los presos se fugan.

De hecho unos y otros se fugan o se extravían. Por eso son comparables.

El amo le da a su mascota alimento, atención sanitaria, cobijo, así como las instituciones penitenciarias hacen lo propio con los recluidos.

Las mascotas en los hogares cumplen la tarea de darle al amo la sensación de que él es un ser superior, así como los presos nos dan la sensación a los demás ciudadanos de que somos superiores por ser más honrados y obedientes.

Los dueños de mascotas están orgullosos de ellas y a veces exageran diciendo: «mi animalito es tan inteligente que le falta hablar».

La palabra «animalada» (burrada, barbaridad, salvajada), en idioma español (1), alude a una equivocación propia de «animales». Por esto suponemos que las cárceles son instituciones que procuran «humanizar» a quienes se comportaron como mascotas.

Conclusión: Encarcelamos mascotas y delincuentes para humanizarlos.

 
(Este es el Artículo Nº 1.838)


Medicina y criminalidad preventivas


El chavismo más la medicina preventiva provocan un incremento de la criminalidad y de la justicia por mano propia.

Los hispanos estamos viviendo algunos cambios que nos aportan beneficios y perjuicios.

Como los seres humanos tenemos serias dificultades para percibir lo que nos beneficia y nos damos cuenta enseguida del perjuicio más pequeño, estos cambios parecen muy perjudiciales aunque ligeramente beneficiosos.

Estos cambios están influidos porque Estados Unidos tiene un presidente negro al que debemos denominar afro-descendiente, pero sobre todo porque varios países están siendo gobernados por indígeno-descendientes y euro-descendientes, de izquierda.

Aunque muchos lo nieguen, esos presidentes tienen como líder a Hugo Chávez, presidente de Venezuela, fallecido en marzo de 2013.

Es posible afirmar que, en grandes líneas, Hugo Chávez impuso un estilo populista de democracia directa (no representativa).

Las elecciones y la exequias demuestran, (cursamos el mes de su fallecimiento), que su propuesta cuenta con la aprobación de la mayoría.

Los humanos somos cortoplacistas (adherimos a lo que nos sirve ahora, ya, sin evaluar consecuencias a mediano o largo plazo); creemos que gobernar un país es igual que gobernar un hogar; afirmamos que el fin justifica los medios; que las mayorías no se equivocan; y otras posturas idealistas, voluntaristas, instintivas.

Con este escenario político hemos reaccionado tomando rápidamente el beneficio que se nos pone a disposición: el poder ciudadano.

Centraré mi comentario en el aumento de la criminalidad, de la delincuencia en general y de la justicia por mano propia.

— La medicina ya nos tiene dicho que es mejor prevenir que curar... por eso, si suponemos que alguien nos va a perjudicar, es mejor castigarlo antes de que consume su amenaza (ataque preventivo);

— La justicia por mano propia es inmediata, sumaria, ágil, efectiva, disuasiva (preventiva).

— La democracia directa chavista propone que cada ciudadano disponga del poder que merece.

Artículo de temática similar:

 
(Este es el Artículo Nº 1.837)


domingo, 3 de marzo de 2013

Estrategias contraproducentes de los empleados

 
Este artículo comenta varias estrategias inadecuadas y hasta contraproducentes, que suelen utilizar los trabajadores para mejorar sus ingresos económicos.

En otro artículo (1) digo que cuando nos enfrentamos a problemas económicos, nuestro cerebro baja su rendimiento y nos aporta soluciones inadecuadas, ineficientes y en algunos casos también contraproducentes.

Entre algunas de las ocurrencias inadecuadas que se les pueden ocurrir a los asalariados está la de pedir aumento de sueldo a su empleador.

Esta solución no es inadecuada en todas las oportunidades, pero lo es en la mayoría de los casos.

Algo que los trabajadores no toman en cuenta es lo siguiente:

— Es posible que el empleador esté pagando el valor de mercado, es decir, que si un empleado que gana «diez» renuncia, tendrá posibilidades de conseguir un reemplazante por el mismo valor;

— El salario no está vinculado con las necesidades del asalariado sino con un valor de mercado. A veces se piden aumento de sueldos como si el patrón tuviera alguna obligación de resolver las necesidades de sus colaboradores;

— Efectivamente el empleador no tiene la responsabilidad de pagar la cantidad de dinero que necesita cada empleado, pero este sí tiene la responsabilidad de conseguir de alguna manera la cantidad que necesita para vivir como quiere. De acá se desprende que cuando un trabajador no está conforme con lo que cobra tiene la responsabilidad de mejorar sus ingresos pero su empleador no tiene la responsabilidad de aumentarle el salario;

— Cuando el asalariado pide que le paguen más, está sugiriendo indirectamente que el empleador se está quedando con algo que le pertenece, lo acusa (indirectamente) de ladrón, abusador, explotador, ... y estos adjetivos no siempre favorecen una buena negociación salarial;

— Si el empleado promete aumentar su rendimiento a cambio de más salario, se está auto incriminando de que hasta ahora trabajó mal.

 
(Este es el Artículo Nº 1.789)

 

martes, 1 de enero de 2013

El amor por educación



   
Nuestros conflictos afectivos ocurren porque finalmente no sabemos cuándo amamos naturalmente y cuándo amamos porque la educación nos lo impuso.

De forma similar a como existe una Naturaleza que nos impone ciertas circunstancias (ley de la gravedad, hambre, instinto de conservación) y una cultura que nos impone otras diferentes (vestimenta, leyes de convivencia, tecnologías de la información), los humanos tenemos un conjunto de sentimientos naturales, (egoísmo, amor hacia quienes necesitamos, tristeza ante las pérdidas), que conviven con otros obligatorios (solidaridad, honestidad, respeto).

La oposición que existe entre estas circunstancias naturales y las culturales o la oposición que existe entre nuestros sentimientos naturales y los obligatorios, aparecen en nuestra psiquis bajo la forma de un conflicto, como no podría ser de otra manera.

En los conflictos, suele haber un ganador y un perdedor.

Si un partido de gobierno recibe las críticas de los partidos de oposición, el conflicto es permanente porque uno detenta el poder y el otro no. Si un boxeador se toma a golpes de puño con una anciana que se resiste a que el primero le robe la cartera, es muy probable que el conflicto sea circunstancial y termine en pocos segundos.

Los conflictos que tenemos instalados en la psiquis son permanentes porque la Naturaleza no para de presionar para que la obedezcamos y la cultura hace otro tanto, con mucho poder momentáneo (amenazas, multas, castigos) aunque a la postre la Naturaleza tiene la última palabra porque quienes insisten durante demasiado tiempo en oponerse a ella, terminan falleciendo.

Los niños conocen instintivamente las leyes naturales más elementales (respirar, comer, evacuar) y aprenden las culturales de los adultos.

Los niños consideran «seres queridos» a quienes necesitan para algo: La madre es esclava, las mascotas son obedientes, con los amigos se divierte. Si ama a otros es por educación.

(Este es el Artículo Nº 1.769)

domingo, 2 de diciembre de 2012

La espiritualidad y el miedo a nuestros semejantes



   
El apego a la espiritualidad y al idealismo intentan disminuir el temor a ser depredados por nuestros semejantes.

Mi único libro de cabecera es el Diccionario de la Real Academia Española.

No vayáis a pensar que creo en él. Lo que ocurre es que solo quiero comunicarme con ustedes y ese libro me hace pensar que si yo utilizo las palabras con un significado que podamos compartir, las posibilidades de que nos entendamos serán mayores.

Que aumenten las posibilidades de que nos entendamos no quiere decir que esto ocurra. Los seres humanos apenas podemos entendernos porque, quien más quien menos, tiene en su interior un orador provisto de unos equipos de amplificación tan ensordecedores que casi no nos dejan oír lo que se nos dice de afuera.

La educación que tratamos de recibir consiste fundamentalmente en ir bajándole el volumen a ese mega espectáculo que ocurre en nuestra psiquis.

Los humanos tenemos más confianza en nosotros que en los demás. Nosotros no pasamos de «comernos las uñas» y algún otro producto orgánico autocultivado, pero los otros, esos que están ahí afuera de mí, son capaces de matarme y devorarme.

Por este temor es que no quiero ser «rico». No ser «rico» es un elemento más que usamos para disuadir a nuestros depredadores naturales (otros humanos).

Ser «rico» significa tanto ser deliciosos como dueños de una fortuna de valor económico.

En este sentido es lógico deducir que el dinero o cualquier otro elemento económicamente valioso, constituyen saborizantes, condimentos, aderezos, adobos, salazones.

En nuestro temor por ser devorados (robados, esquilmados, estafados, chantajeados, defraudados y demás «molestias» afines), establecemos como recomendación cultural, abandonar el consumo de carnes, amar la dieta vegetariana. No queremos ser ricos, no queremos ser comidos ni siquiera en las tan difundidas y especiales circunstancias de La Tragedia de los Andes.

Algunas menciones del concepto «La Tragedia de los Andes»:

     
(Este es el Artículo Nº 1.742)