sábado, 9 de noviembre de 2013

Sudar nunca fue un castigo


Es posible pensar que sufrimos trabajando y sudando, porque estamos milenariamente sugestionados con lo que consideramos fue un castigo bíblico.

En varios artículos (1) he mencionado el castigo bíblico, según el cual, tendremos que ganarnos el pan con el sudor de la frente.

Por lo tanto, sudar tiene que ser molesto porque de lo contrario no sería un castigo.

Ya estamos acostumbrándonos a ver muchos varones que les pagan a una empresa para que le alquile máquinas, con las que sudan a mares levantando pesos, corriendo sobre cintas móviles o pedaleando en bicicletas deliberadamente resistentes al esfuerzo del ciclista.

Este hábito, por el que los usuarios pagan, pone en duda que sudar sea penoso. Llegó la hora entonces de preguntarse si aquel castigo por haber comido una manzana era realmente un castigo penoso o, por el contrario, solo estaba informando que los humanos perderían un supuesto subsidio divino para alimentarse.

Lo expreso de otro modo: si los seres humanos de aquella época estaban acostumbrados a recibir gratuitamente la comida, el castigo no consistía en tener que sudar sino en tener que pagar por la comida. Por haber comido una manzana tuvimos que empezar a ganar dinero para comprar el pan. El castigo fue el fin de la gratuidad, no el tener que sudar.

¿Qué hacen los gobiernos de izquierda con los más pobres? Les suspenden el castigo y vuelven a permitir que reciban un subsidio, como el que tenían aquellos seres humanos transgresores que se comieron la manzana prohibida.

Claro que, como los gobernantes de izquierda no tienen entre sus filas a un dios todopoderoso que les haga milagros generando comida de la nada, no tienen más remedio que robar, expropiar o quitarle dinero a los que sí se ganan la vida sudando.

En suma: sudar nunca fue un castigo.






(Este es el Artículo Nº 2.052)


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