martes, 29 de mayo de 2012

¿Qué hago con Susanita?


No le puedo decir a Susanita que deseo ser su amigo por lo siguiente:

1) Temo que ella me rechace. Por ejemplo yo le diría: «Susanita, me gustás mucho y quiero saber más de vos, quiero que hablemos, que nos veamos más a menudo» ¿y si ella me mira con desprecio y me dice algo así como «Cómo se te ocurre imaginar que yo puedo llegar a ser tu amiga»?. ¡Me muero! No soporto ni imaginarlo.

2) Para mis adentros reconozco que las cosas que quiero de Susanita son perjudiciales para ella porque son enloquecidamente favorables para mí. No puedo pensar que algo que me beneficie tanto, pero tanto, no sea inevitablemente perjudicial para quien me concede ese beneficio.

3) Tengo cosas que para mí son muy valiosas (aunque no sé objetivamente si lo son de verdad). El hecho es que para mí son todo lo que tengo y deseo seguir teniéndolas. Como pienso que lo mismo que yo aprecio todos los demás también lo aprecian, temo que si a Susanita le «abro la puerta» de mi vida, ella se aproveche y me robe todo lo valioso que tengo. Por lo tanto prefiero seguir mirándola por la ventana.

4) Supongamos que yo consiguiera coraje de no sé dónde y que me animara a plantearle con total soltura (y hasta con desparpajo) cuánto deseo ser su amigo, ¿no estaré propiciando que ella también actúe con desparpajo hacia mí y se convierta en una abusadora imparable?

¡No sé que hacer con Susanita!

No hay comentarios:

Publicar un comentario